Atravesó el Cielo, la Tierra y el Mar
para en una estrella ir a posar.
Vibra todo alrededor,
el vacío duerme en esplendor.
Entonces Dios se sonrió
ante su espejo: La Creación.
“En el principio era El Verbo
y El Verbo estaba frente a Dios
y El Verbo era Dios.”
Nos remitimos a la primera instancia, a los inicios, cuando Dios se manifiesta en la expresión perfecta: El Verbo.
“La Palabra de Dios se hizo hombre”
Entonces, recordamos la tentación, aquella soberbia serpiente que nos incita al pecado.
Al momento, Adán muerde la manzana prohibida: el Fruto del Conocimiento.
En aquel mismo instante, ese segundo interminable en que la conciencia se apodera de él, el hombre, Hijo de Dios Todopoderoso, nombra al Padre y, con la autoridad que le confiere su calidad de Verbo –luz que ilumina el pensamiento –, lo crea a Él.
‘Conmigo y en mi yaces;
es tu esencia que se esparce
en las olas infinitas
del Universo que te place. ’
¿Qué es la Vida Terrenal, Mundana?
Tan a menudo maliciada, condenada a una concepción racional despectiva: superficialidad gestada en la inmanencia.
Porque aquello que nos define, sin condicionar esa potencialidad latente con que La Divinidad impregnó al Ser, determina la identidad no trascendental del individuo.
Sin embargo, el materialismo propio de lo tangible, físicamente delimitado, no sentencia tal etapa como inútil o prescindible. En absoluto: cada ámbito del Existir es necesario y sabiamente escogido por La Providencia.
Cuando el tiempo de vestir la mortaja se cierne sobre los hombres, sencillamente nos desprendemos de una parte de nuestra historia, despidiendo aquel tramo del camino que, eventualmente –a perspectiva humana –, ha de converger en un único y completo Sendero hacia la Eternidad.
Así, guiados por la Muerte nos dispersamos con la intención de abarcar cada rincón de ese Sendero, como esencia en Dios y en La Inmensidad; cual sea la diferencia.
Esa noche ya sin par,
que a la luz ha de dar
vida eterna y somnolencia:
lo que dicta Su Eminencia.
Entonces, con la dilución del fundamento etéreo en El Todo, los parámetros que definieran la corporeidad se esfuman de lo posible: la ausencia de Temporalidad patenta el trascender, mientras una ubicación impotente, pues carece de referentes y coordenadas, se traduce en infinidad de espacios continuos, concretando La Inmensidad.
De esta forma, nos adentramos al máximo estado de fertilidad en la conciencia irracional: la Somnolencia.
Se establece, ésta, inmutable, mas está dispuesta a suscitar la transformación intrínseca a la Existencia.
Es diversa en cada punto del Universo, del Ser.
Y dotados de conciencia,
goce perpetuo en apariencia.
Que a tristeza reverencian
y con entereza comienzan
Surge, pues, la presteza de quien se entrega a toda sensación y sentimiento, imaginable o no.
Un proceso inherente a la fundición.
Al existir la conciencia, cuanto no la razón ni el pensamiento, el Ser percibe, siente, se emociona… pero no incurre en El Verbo.
La función cognitiva ha quedado reducida a un recuerdo difuminado, dando paso a una sensibilidad artística que vibra en sincronía con cada partícula de esencia.
Prima, entonces, la Dicha como consecuencia de vivenciar al Ser en plenitud. Es el resultado del Uno como Nosotros.
A caminar con y sin nada
por aquella tan deseada
senda desembocada
en la Muerte resucitada.
Nos despojamos de toda inmanencia (“con nada”) para consagrarnos a un nuevo rol.
Dejamos sapiencia, palabra, corporeidad y religión en el espacio terrenal: a donde pertenecen. Allí han de dormir junto a Cronos hasta el fin de los tiempos.
Pero el don del Todo también nos ha sido concedido (“sin nada”): multitud de sentimientos deslizándose por nuestro Ser en simultáneo movimiento. Se arrastran por una Inmensidad falta de adentro y afuera: no conoce límites. Y, para ese momento, el que haya sido hombre, de los mismos así carezca.
Entonces está maduro y listo a la contemplación: reconoce la vida como aquella instancia entre lo que fue y lo que ahora es: la perpetuidad en Dios, con los otros, con el ser amado.
“Asunción de la Esencia”
Valparaíso,
22 y 23 de abril, 2006.
C. Veglia
servido por Carla Valentina
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¿Por qué las personas tenemos que morir?
¿Por qué no puede la Muerte ser algo hermoso?
Cerramos los ojos y, sin dolor alguno, nos quedamos dormidos.
Para cuando despertamos... aunque nunca despertamos. No en esta realidad, al menos.
Pero, de hacerlo, nos hallamos en un lugar totalmente diferente.
No es un lugar, la verdad: carece de espacio, de tiempo, y nosotros de razón y de cuerpo.
Somos esencia de conciencia, de sentimientos, dispersa por el Universo.
"Después de"
20 de abril, 2006.
C. Veglia.
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Al primer segundo, lo vi de reojo, casi sin percatarme.
La luz ambarina lo alumbraba, otorgándole un aire levemente desvaído.
Abrí los ojos impresionados con desmesura -de eso estoy segura- y contemplé el papel.
Las letras se traslucían, difuminadas, y ya no eran más palabras.
Sino, una obra de arte.
"Letras"
Valparaíso,
15 de abril, 2006.
Le Petit Pensant
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Un simple acto.
Separó su nariz de aquella otra respingada, bonita, y murmuró:
“No más bocado. Ahora asimila el sabor y resguárdalo
ante el espejo de tu memoria.”
Amparado bajo una falsa sublimación, anhela alcanzar la supremacía de las ideas, mas, en su ferviente búsqueda, el Pensamiento ha olvidado lo esencial: no es más que un recuerdo de El Afuera.
¿Qué llevó a Platón, pues, a sugerir lo contrario?
¿Que la Realidad es tan sólo la Sombra de un Ideal Morador del Alma?
Probablemente la soberbia. La misma que conduce a quien escribe – ça veut dire, moi – a escribir lo que, en efecto, escribe.
Pero, tal vez, la perspectiva Platónica – como el Amor – se fundamenta en aquel mismo deseo, apabullante, de habitar un mundo más “elevado” que el propio mundo. Un desesperado intento de tocar lo intangible.
Entonces, ¿para qué?
Si una sencilla mañana – el Sol alzándose por el este, el trino sutil de los pájaros, el rocío en la hierba, testigo de una fría noche otoñal – es capaz de proveer nuestros sentidos, capaz de nutrir nuestra alma en plenitud, repletando el espejo de nuestra memoria con sus reflejos…
Entonces, ¿para qué refugiarnos en la simulada existencia de lo que no existe?
“Realidad en un Acto”
Valparaíso,
06 de abril, 2006
Le Petit Pensant
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¡Y se dio! El Primer Pensamiento surgió con la vehemencia de Dios al crear el mundo... ¡pero no! Ésa es también una idea, porque el hombre ha definido a Dios, creándolo e, inevitablemente, creyéndolo.
Pasa así con todo, me atrevo a afirmar. Incluso con esta humilde reflexión.
Y, sin embargo, es la presente una idea tan alocada -como reiterada-, que resulta casi inconcebible: demasiado implacable al juzgar nuestra inexpugnable visión de Realidad.
¿Qué es negro? Un color... ah, sí. Un color. Una abstracción. ¿O es que acaso existe el color negro fuera de nuestra insulsa mente?
¿Qué tal un cuervo? Si el lector lo consiente, le rogaré que intente evocar el recuerdo de dicha ave. Un cuervo negro.
La imagen a contemplar no corresponde a un pensamiento abstracto; está inspirada en algo real. Y es en tal imagen que podemos percibir el color negro. Mas éste no existe en la Naturaleza (el mismo principio es aplicable para esta última). ¿Por qué no existe? Pues porque lo que existe es la imagen, aquello que podemos percibir de alguna u otra forma. Lo demás es un concepto.
De este modo, dejan de existir el negro, el cuervo, los colores... todo.
Y pasamos a vivir en un universo de abstracciones.
Por fin hemos realizado los anhelos de Platón: nuestras entidades se mueven únicamente por el Mundo de la Ideas.
Sin saberlo, hemos nombrado, creado, creído y olvidado, en un ciclo vicioso de soberbia e ignorancia.
Cuando toquemos la Realidad, dejaremos de ser humanos.
"Nombro, creo, creo y olvido"
Valparaíso,
14 de marzo, 2006.
Le Petit Pensant
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My grandmother used to like going to the graveyard. She said it was such a nice place for giving a ride through.
Or –at least – that’s what my aunt told me the last Sunday when we went all together –my relatives and I – to visit her burial place. The tomb is in fact placed in the very same graveyard she found so irresistible.
We decided to visit ‘her’ that day because of her birthday. She actually became 71 – if it’s allowed to add years to someone who has already died. However, she left the living beings’ world when she was about to turn 69.
She deserved a better place to stay in, she always did. I wish she made her way to it.
As our parents prayed – the religious ones – beside the grave, my cousins and I walked around among the tombs. We found it interesting to read the dates of the deceased and calculate how long they had lived.
We talked to each other so loudly, that it didn’t seem we were aware of being in a cemetery.
As we paced up and down the burial park, a strange event came about. Suddenly, one of us discovered a particular grave. Actually, it was as common as all the other ones, but something on it caught our attention. It was the demise’s date; ‘26th April’ was carved on the marble stone. The point is that’s my cousin’s birth date. Of course, it has nothing of particular or weird. It’s only what she said a few moments later, when she saw it, what sounded odd to me.
‘Someone dies as I’m born’ she said.
For some reason, that sentence made me blink and think, just as I do every time something surprises me.
It’s quite normal that somebody dies right at the moment another person is coming alive. Yet, it disturbs me. It’s as if the deceased granted life to the newborn. A creepy thought, from certain point of view but it’d also be a very nice one if we considered the goodness of such an act.
Of course, none can guarantee death people do that sort of favors.
“About the Graveyard”
Valparaíso, 27th February 2006
Le Petit Pensant
servido por Carla Valentina
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Retiro el manto sublime que cubre de incandescencia el cielo sumido en un nuevo atardecer, y el Sol abre paso a las estrellas de sutil luminicencia; faltas de la pletórica energía del Astro, cuya luz brilla sobre la Luna, y ésta, a su vez, sobre una Tierra carente de conciencia.
Valparaíso,
15 de febrero de 2006.
Le Petit Pensant.
servido por Carla Valentina
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